viernes, 14 de enero de 2011
Recuerdos: capitulo 3: de lo que me arrepiento
Cuando mi padre murió, yo sentí la necesidad de matar a Fritz; ese hipopótamo de asesino. Un día por la noche, espere a Fritz a la salida de la fábrica, me encontraba con un cuchillo de carnicero y le dije: “te voy a cortar tu colita, cerdo”, acto seguido le apuñale su grasiento torso para observar manar la sangre caliente, sentí un gran alivio por la venganza, ¡Pero me había manchado la camisa!, ¡y era nueva!. Siempre me he arrepentido de manchar aquella preciosa camisa y tengo pesadillas a menudo con ello.
En la huelga antes mencionada el dueño de la empresa me dio la oportunidad de volver a trabajar a cambio de delatar a los cabecillas de esta, yo acepte su propuesta; necesitaba ese dinero la familia, un mes después sentí sudores fríos, pinchazos en el estomago, remordimientos,… . No debí vender mi alma a cambio de aquel trabajo, no debí dejar que fuesen tiroteados por los pistoleros del dueño y debería haberles ayudado.
Me disputaba el ascenso un compañero que era muy trabajador y simpático, no tenia oportunidades frente a él, me ponía muy nervioso la idea de no poder conseguir ese sueldo con el que me pagaría la carrera de economía. Me decidí a desacreditarle para que no obtuviera el puesto, corrí la voz de que era homosexual y que se dedicaba a echar miraditas a los traseros de sus compañeros. Yo ascendí de puesto, pero él, el ahora es un mendigo que pide limosna a sus antiguos compañeros; debí machacarle más.
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